domingo, 7 de febrero de 2010

Capitulo 4: Huracanes en llamas


Caminaron varias horas, el viento soplaba con una fuerza increíble. Arkantos y la joven decidieron esperar a que calme, y luego seguir su rumbo a Atenas. Las cosas no iban como el joven héroe esperaba: aun no sabía quien era esa joven que lo acompañaba y aun no poseía una habilidad con la cual poder hacer frente a Hefesto. Por primera vez, sintió temor. Un sentimiento no tan común entre los hijos de Zeus, todos con el coraje en sus venas.

-Que te sucede Arkantos? – Pregunto la joven

-Nada, me siento un poco extraño, pero estoy bien- contesto el Héroe

El viento continuaba su ira, generando que el polvo cubra la zona. En esos momentos, una figura, algo así como un ángel, se muestra. Era un joven muy hermoso, de cabellos rubios y largos, y ojos claros. Su mirada inspiraba paz, pero al mismo tiempo se notaba un gran poder.

-En estos momentos, debes morir Arkantos- dijo el sujeto, dirigiéndose al hijo de Zeus

-¿Quién eres? ¡Responde! Contesto este.

-Soy Eolo, Dios de los vientos, y siervo de Kratos. Y tu muerte me pertenece.

Un gran golpe de viento azoto a Arkantos, lanzándolo por los aires. Arkantos se mostró muy dolido ante el golpe, pero aun así, se levanto. El dios poseía una velocidad única, y en un abrir y cerrar de ojos, apareció al lado de Arkantos, y comenzó a golpearlo salvajemente.

Eolo: -Morirás Arkantos, fue escrito por el destino

Arkantos: -Aghhhhhhhhhh

Un fuerte golpe lanza al héroe por los aires, y su cuerpo choca contra cientos de árboles, destrozándolos como si fueran palillos. El dios se dispone a lanzar su más poderoso ataque. Comienza a concentrar su poder en su dedo índice, y lanza un potente rayo de aire que traspasa el muslo derecho de Arkantos, como una flecha.

-Este será tu final, hijo de Zeus- Luego de este ataque, el gran Kratos reinara eternamente. Adiós!- Dijo Eolo.

De repente, aquella joven quien acompaño a Arkantos en su pequeño viaje, se interpuso entre el disparo del dios y el joven héroe, y es herida en el costado derecho del pecho.

- No… Noooo!!!!!-grito Arkantos, con bronca y dolor, arrastrándose hacia la joven

- Que ilusa eres, Antegonis- Dijo el Dios. – No debiste entrometerte en esto.-

- Como la has llamado? Dijo Arkantos muy sorprendido, mientras las lágrimas no dejan de caer de sus ojos.

-Acaso estas sorprendido? Que se siente saber que la mujer por la que comienzas a sentir amor es a la que debes asesinar para lograr aquel destino que sueñas? Aunque creo que te he facilitado el trabajo jajajajaja- respondió Eolo, disfrutando de la situación

-Ar... Arkantos- dijo Antegonis, con una voz muy suave, casi susurrando

-Ya.. No hables.. Todo estará bien – respondió arkantos, con una voz de dolor

En ese momento, Eolo comenzó a caminar hacia ellos.

-Son patéticos.. Voy a acabar con los problemas del señor Kratos en este instante- dijo el dios

Comenzó a hacer unos movimientos muy rápidos con sus brazos, y el cielo comenzó a tornarse gris. De repente, un tornado se fue formando muy a lo lejos, y es notorio que se va acercando a la zona donde se encontraban ellos.

De repente, una bola de fuego golpea la espalda de Eolo, haciendo que Eolo pierda la concentración, y el tornado desaparezca.

-Ahhgg. Quien hizo eso?- dijo el Dios, Muy Enojado

Hefesto se hace ver. Se notaba mucha ira en sus ojos, como si sintiera desprecio

-Eolo, seré yo quien acabe con Arkantos, si es que el merece morir. Vete de aquí ahora mismo, o no respondo por tu bienestar- dijo Hefesto, desenvainando su ardiente espada

-Mmm.... veo que quieres pelear, eh? Está bien, te daré ese gusto- contesto Eolo, con su voz tierna.

-Arkantos, beban esta agua y aléjense lo mas que puedas. Son aguas de la fuente de la vida, en el templo de Asclepio. Curaran sus heridas- dijo Hefesto a, sin dejar de mirar al Dios del viento.

Arkantos primero le dio de esa agua a Antegonis, y luego bebió el. En unos minutos, sus cuerpos comenzaban a sanar todas sus heridas… Cuando por fin se encontraban bien, Arkantos y Antegonis comenzaron a alejarse de la zona.

-Que sucede Arkantos? Porque te detienes?-Dijo la mujer

- Lo siento, debo regresar… voy a asesinar a ese canalla por el daño que ha causado.. que te ha causado a ti.

-Espera- dijo Antegonis, tomando a Arkantos de la mano – ¿Es cierto lo que dijo aquel dios? ¿Mi nombre es Antegonis? Por qué no recuerdo nada.. – con una mirada triste

-Lo averiguaremos, te lo prometo.

Arkantos regreso corriendo a la zona de combate, cuando de repente una explosión lo tumbo. El poder de ambos dioses es inmenso, y cada uno esta librando una batalla única. Eolo con sus huracanes y tornados, y Hefesto con sus bolas de fuego, y su espada, libraban una batalla increíble. Arkantos se levanto rápidamente, y continuó su carrera. Cuando por fin llego a la zona, pudo ver a los dos dioses levitando a lo alto.

-Zeus!! Si realmente me amas, si realmente amas a tu hijo, dame una señal, para vencer a ese maldito- dijo Arkantos mirando hacia los cielos.

Pero no recibió respuesta alguna. En ese momento, Eolo, quien escucho los suplicios de Arkantos, lanzo un disparo con su dedo hacia el joven héroe. Cuando este vio que corria peligro, salto hacia un costado, descubriendo algo increible. Su salto fue 50 veces mas potente que el de alguien normal. Al parecer, Arkantos poseia una habilidad, descubierta gracias a sus reflejos.

-wooojoooo!!!– decia el heroe mientras saltaba esquivando los ataques del dios.

-Maldito!- dijo Eolo, con furia

La distracción de Eolo hizo que Hefestos aprovechara, y lanzara una enorme bola d fuego sobre el dios del viento, quien cayo como un cometa hacia la superficie, lastimandolo

El heroe detuvo su salto, y comenzo a caminar hacia su camarada

-Tu padre quiere q obtengas ese poder. Dejare esto en sus manos- dijo Hefesto a Arkantos. En ese momento, la tierra se abrio y el dios del fuego desaparecio en aquel crater.

Eolo comenzo a levantarse lentamente. Para cuando logro ponerse completamente de pie, Arkantos se encontraba en frente de sus ojos, y su cuerpo comenzo a ser terriblemente golpeado por el heroe, quien no podia contener su furia. Eolo cae nuevamente al suelo. Pero logra arrodillarse

-Este es el destino que le espera a tu amo- dijo Arkantos, con una llama en los ojos, digno d la ira y el dolor.

Desenvaino su espada, y la introdujo en el pecho del dios. La batalla habia terminado. Las nubes cubrieron el cielo en un abrir y cerrar de ojos, y un extraño rayo celeste comienza a emanar del difunto dios, como si su alma se le estuviese saliendo. Sus ojos desaparecieron, y en su lugar unos destellos celestes brillaban. El rayo sale despedido y llega hasta más allá del cielo. Luego, el rayo comienza a descender con mucha velocidad, y se mete en el cuerpo de Arkantos. Ahora, el era el nuevo dios de los vientos

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